Trabajadoras domesticas encuentran voz
Elaine Ayala | 2/18/2013, 11:59 p.m.
Temprano en las mañanas, mucho antes de que se despierte la séptima ciudad más grande del país, las trabajadoras domesticas ya se están dirigiendo al trabajo.
Suben a bordo de autobuses que las transportan al centro y otros que las llevan al norte, donde cocinan, limpian, cuidan a niños y ancianos -- y hasta las mascotas de los más ricos.
Araceli Herrera ha viajado con ellas, unas veces sin papeles, sin hablar bien el inglés (todavía le cuesta trabajo) y sin mucha autoestima, ella recuerda.
Hoy, ella es parte de un grupo emergente llamado Domesticas Unidas, United Domestic Workers, cuyo objetivo es capacitar a esta escondida mano de obra.
El sábado pasado, el grupo tuvo su primer taller, un seminario sobre el cuidado de niños. Alrededor de 40 asistieron.
Herrera asegura que es un comienzo.
Su objetivo es difundir un mensaje esencial: Que las amas de llaves, sean ciudadanas o no, tienen derecho a trabajar en un lugar seguro con salarios justos. Enseñar defensa propia es también de muchísima importancia.
Un estudio de 2012 encontró que estas mujeres operan detrás de las puertas, más allá del alcance del departamento de recursos humanos y con poca protección.
Herrera ofrece este escenario para ilustrar lo vulnerable que son: Una sirvienta conoce a un nuevo cliente y escucha la lista de sus tareas. Después, la patrona le informa su sueldo.
“No hay oportunidad de hablar”, Herrera señala, platicando en español.
Una activista en la comunidad inmigrante por muchos años, Herrera ahora es ciudadana y una de las voceras del activismo local. Estuvo afiliada con el SouthWest Workers Union, que trabaja en defensa de las trabajadoras domesticas y otros grupos más.
Herrera todavía trabaja en las labores domésticas y ha enfrentado muchos de los temas que las trabajadoras revelaron en un sondeo nacional. Encontró que muchas de las mujeres que las contratan son justas, hasta generosas. Otras son “exigentes, explotadoras y abusivas”.
Estás son ustedes también, San Antonio. Gente local participó en la encuesta.
Herrera sabe de sirvientas que no han sido pagadas, que trabajan lastimadas, que han sido falsamente acusadas de robar y amenazadas con la deportación.
Ha conocido sirvientas que han sido sexualmente agobiadas por maridos e hijos adolescentes.
No todas reportan tantas atrocidades, por supuesto. Algunas tienen patronas que las apoyan. Una le dio a Herrera un carro usado para que no tenga que tomar el camión al trabajo.
Y muchas ganan más porque negociaron por más. Herrera ha aprendido a decir lo que piensa, a hablar en público y a prestar asistencia a otras.
Lo último, lo hace en paradas del autobús alrededor de Travis Park, donde las trabajadoras hacen sus conexiones en las horas de la mañana.
Le entrega panfletos. Tienen su número celular. Algunas la llaman.
Y Herrera se acerca con estas palabras de esperanza: “¿Sabes que las trabajadoras domesticas tienen derechos?”
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