El día que la frontera cruzó a muchos mexicanos
Elaine Ayala | 2/6/2013, 7:09 p.m.
Pocas personas se dieron cuenta que el sábado fue un día importante en la historia de Estados Unidos. De hecho, el 2 de febrero, no le llama la atención a nadie excepto quizás a historiadores y activistas chicanos, que saben que el segundo día de febrero se conmemora la disputa fronteriza más grande en la historia americana.
Mejor conocido como el Tratado de Guadalupe Hidalgo, no solo terminó la guerra entre México y Estados Unidos pero extendió el limite de Estados Unidos al norte de Colorado y Utah hasta el Pacifico, estableciendo la frontera sureña en el Río Grande.
De golpe, un enorme territorio, 845,000 kilómetros cuadrados (525,000 millas cuadradas), se convirtió en el sudoeste de Estado Unidos.
México perdió la guerra y 55 por ciento del territorio. En el momento del tratado, grupos indígenas también estaban peleando para proteger su territorio, y eran considerados “hostiles” por ambos México y Estados Unidos.
México sacó $15 millones del negocio. “Eso era mucho dinero entonces”, comenta Aarón Navarro, de Trinity University. “Es mucho dinero ahora”.
El economista Steve Niven de St. Mary’s University, lo describió como “un negocio bastante bueno”.
Pero salió barato, dado la fiebre del oro en California y el “boom” del petróleo en Texas.
Pero más importante, el 2 de febrero, conmemora el comienzo de la historia méxico-americana en Estados Unidos, la historia de un grupo poblacional que son repentinamente de una nación y de otra. La dualidad los ha definido y confundido y ha desconcertado a sus connacionales americanos.
Es fácil estar enojado por lo que pasó a los México-americanos en Estados Unidos en los años posteriores a 1948, cuando se firmó el tratado. En Texas, fueron se les aseguró que sus tierras, adquiridas bajo concesiones de México y España, serian respetadas.
No lo fueron. Fueron despojados de sus propiedades, por métodos legales e ilegales. Algunas familias en el sur de Texas todavía están luchando para que se les devuelvan.
Una generación o dos después del tratado, había más obreros méxico-americanos que terratenientes entre ellos.
El historiador Patrick Kelly de UTSA llama el Tratado de Guadalupe Hidalgo unos de los más “desconocidos” eventos en la historia de Estados Unidos, todavía virtualmente no estudiado, especialmente en la costa este.
Pocos grupos celebran “el segundo”.
Pero deberían.
Desde 1977, el Centro Cultural Aztlán ha sido el único. Este año, su exhibición anual es “Soldadera”, que durará hasta el 28 de febrero. La cantante y compositora Liz Ybarra debutó una canción del mismo nombre.
El Centro Cultural ha elegido no tanto amonestar el tratado como realzar lo que ha creado.
“Dio nacimiento a esta doble identidad”, comenta la directora ejecutiva Malena González-Cid, “y a una nueva identidad política”.
Por 165 años, a tontas y a locas, esta nueva entidad no solo ha tratado de enmarcar esta dualidad pero también ha tratado de establecer puentes de entendimiento.
Y eso continúa siendo nuestra herencia.
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