Residentes recuerdan sus barrios latinos
Erin Eggers | 10/2/2012, 9:29 a.m.
Remodelación urbana, crecimiento descontrolado y la construcción de carreteras han cambiado la cara de San Antonio en los últimos 50 años, pero todavía hay rastros de un pasado donde existieron comunidades vibrantes.
Vestigios de la industria de cemento todavía se pueden ver con las imponentes chimeneas y las fotografías en blanco y negro que adornan el centro comercial del Álamo Quarry. Aún existen casas antiguas en el vecindario donde hoy está HemisFair Park. Una poco conocida comunidad al norte de Álamo Heights llamada El Barrio Escondido todavía conserva su historia, reflejada en sus casas antiguas y en una generación que ahí creció.
En este Mes de la Herencia Hispana, Conexión explora a estos barrios de antaño para celebrar las raíces de San Antonio.
El Barrio Escondido
Para los padres de familia, las casas modestas del Barrio Escondido eran un pequeño rincón donde se vivía el sueño americano.
Para los hijos que crecieron ahí en los años 50, la vecindad era un paraíso apartado del resto de la ciudad.
“Era uno de los barrios más pequeños de la ciudad y todavía estamos aquí”, señala Joe López, dueño de la Gallista Gallery y de un bungaló de dos cuartos en el Barrio Escondido, una comunidad de 10 casas entre Peter Baque Road y Everst Street que López estima fueron construidas en los años 50. “La gente piensa que no hay mexicanos en el North Side. Pero crecimos muy raza; no nos olvidamos de donde venimos”.
Ya con sus 60 años, López y sus amigos cuentan que cuando se juntan para fiestas, cumpleaños o funerales, es como si el tiempo no hubieses pasado. Vuelven a una época cuando el adyacente centro comercial Álamo Quarry era una planta de cemento (véase Cementville) y el área era poblada por familias latinas de bajos recursos como la del él, viviendo en una comunidad rodeada de prados y una granja lechera.
Hay diferentes versiones sobre el origen del nombre, pero todos están de acuerdo que ellos lo nombraron. En español, el “barrio” era una fuente de orgullo pero también era motivo de castigo de los maestros que no querían oír ese nombre en la clase.
“Fue una experiencia crecer chicano en Álamo Heights. Nuestros padres eran como pioneros, mudándose a una comunidad anglo y hacer algo positivo de eso”, indica Fred “Kiko” Aguilar, un activista comunitario y fundador del Promise Center en Baytown, una organización sin fines de lucro que ayuda a jóvenes en riesgo.
La mayoría de los padres de familia eran carpinteros, pintores o panaderos; la mayoría de las madres limpiaban las casas de las familias acaudaladas en Álamo Heights o en Terrell Hills.
Los méxico-americanos tenían poco en común con sus compañeros, la mayoría anglo sajones de Alamo Heights High School, pero juntos, eran como una familia.
Cuando la familia Cipriano heredó una de las primeras televisiones del vecindario, los niños se juntaban a ver episodios de “I Love Lucy” y “The Ed Sullivan Show”. Había tripas en la parrilla, Misa en St. Anthony de Padua Catholic Church y las madres cuidaban a todos los hijos de la comunidad.
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