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Buscando la justicia en Honduras

Prensa Asociada | 11/12/2012, 1:41 p.m.
Buscando la justicia en Honduras
Wilfredo Yanes muestra un cartel con la foto de su hijo fallecido Ebed Jaasiel Yanes, el 18 de octubre de 2012, en Tegucigalpa, Honduras. De acuerdo con sus familiares, Ebed Jaasiel fue abatido por militares el 27 de mayo cuando conducía su motocicleta, cerca de un retén militar. Ahora el padre busca justicia para su hijo en uno de los países más violentos del mundo. | Prensa Asociada

TEGUCIGALPA, Honduras (AP) -- En una ciudad tan peligrosa en dónde se dice que sólo los `muertos vivientes' se atreven a caminar por sus calles en la noche, nada podría convencer a un aplicado adolescente de abandonar la casa de sus padres y sumergirse en el peligro y la incertidumbre de la oscuridad.

Excepto una chica.

Ebed Yanes, un estudiante de 15 años, la encontró en Facebook. Habían chateado y quería conocerla. "Mis padres están despiertos" le escribió aquella noche de sábado en mayo. "Ya tengo las llaves de la motocicleta", le escribió. "Me ducharé mientras se duermen".

Una tasa de 91 homicidios por cada 100.000 habitantes puede convertir a Honduras en el país más peligroso del mundo. Pero, ¿qué significan las estadísticas de homicidios para un estudiante de secundaria que quiere conocer chicas? No mucho.

Ebed haría cualquier cosa por conocerla.

A medianoche bajó las escaleras silenciosamente, se subió a la motocicleta de su padre y desapareció en la oscuridad buscando a la mujer.

Nunca la encontró. "No sé que en qué tipo de hoyo vives", le escribió en su último mensaje de texto. "He estado buscándote 45 minutos pero mejor regreso a casa antes de que me agarren los chepos".

Chepos, la palabra con la que se conoce en Honduras a los militares, fue lo último que escribió.

La criminalidad en Honduras ha superado de tal manera la capacidad de la policía que el gobierno lanzó el año pasado la Operación Relámpago, un estado de emergencia que permite al ejército desempeñar tareas de seguridad ciudadana.

A esas horas de la noche, los soldados habían instalado un puesto de control contra los delincuentes, pandilleros y traficantes que pueblan la noche de Tegucigalpa. Ebed, sin licencia y sin los papeles de la motocicleta, no quería que le detuvieran escapándose de casa y desobedeciendo las órdenes de su padre.

Honduras es un estado con serios problemas de gobernabilidad. El sistema político es tan débil que hace tres años el presidente fue derrocado por un golpe de estado militar apoyado por el Congreso y la Corte Suprema. Es el segundo más pobre de América Latina solo detrás de Haití.

El 79% de la cocaína que llega a los Estados Unidos vía aérea pasa por el país y se ha convertido en el epicentro de la política y lucha antidrogas y de la colaboración militar de los Estados Unidos en la región. La violencia en Honduras es, según la Organización Mundial de la Salud, "epidémica".

Como casi todos los hondureños, Ebed sabía que vivía en un país peligroso. Pero estaban esa chica y sus ganas de conocerla. Era sólo una noche. Era primavera. Y era joven.

A la 1:30 de la madrugada Ebed apreció muerto en un estrecho y oscuro callejón sobre la motocicleta de su padre, con una bala incrustada en su cuello y dos tiros en la espalda.


La familia Yanes vive en una colonia cerrada a las afueras de Tegucigalpa. Cada domingo, antes de ir a la iglesia, Ebed limpiaba el coche de su padre; un distribuidor de alimentos al por mayor.

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